Cómo elegir el mejor disfraz

Ya se acerca Carnaval y andamos todos buscando disfraz para nuestros hijos. Hemos querido destacar algunos consejos a tener en cuenta que nos pueden ayudar a elegirlo:

 1. Tengamos en cuenta la opinión de nuestros hijos

Parece algo obvio y que solemos hacer, pero a veces no lo es tanto. Hemos de dejar que muestren su individualidad, cómo son y no cómo nos gustaría a nosotros que fuesen. Tampoco tengamos miedo a que nuestros hijos sean diferentes al resto. Sus gustos se reflejan en su forma de vestir y a la hora de escoger un disfraz, ya que de algún modo también muestra su personalidad e intereses. Hagamos un esfuerzo por no imponerles los nuestros, y, con ellos, nuestra visión del mundo.

2. Abramos su campo de mira (y el nuestro)

Hay vida más allá de los dibujos animados o las series que ven en televisión nuestros hijos. Pensar juntos el disfraz de Carnaval puede ser la excusa perfecta para tratar otros temas o intereses del niño en ese momento: la prehistoria, algún personaje de su libro preferido o lo que quiere ser de mayor, por ejemplo. ¿Si pudieras ser un animal o un personaje histórico cuál serías? Se trata de que pueda soñar con aquello que le gustaría ser y que lo sea por un día. 

3. Escojamos disfraces no violentos ni sexistas

Los disfraces también reflejan valores y deberíamos evitar aquellos que fomenten la agresividad y la violencia, como soldados o llevar armas. Siempre hay alternativas más pedagógicas como los deportes o profesiones de trabajo en equipo.

Los disfraces son como los juguetes, aún arrastran estereotipos de género. Las niñas irán disfrazadas de princesas y los niños de superhéroes y caballeros que las defienden. Ellos, osados y agresivos y, ellas pasivas y siempre bellas esperando ser salvadas.

Si se trata de una profesión pensemos antes si lo que estamos proponiendo a nuestros hijos es un estereotipo; dile a tu hija que se puede disfrazar de astronauta, científica o bombera y a tu hijo que no tiene por qué llevar pistola y que hay profesiones como la de profesor o enfermero que desempeñan muchos hombres de forma maravillosa.

Lamentablemente nos encontramos con la versión femenina de muchos disfraces cuya diferencia respecto a la de los niños es una falda corta o un escote sexy.

He aquí una propuesta de Huffingtonpost de disfraces no sexistas:

Parece que este tipo de distinciones pueden tener un efecto a largo plazo en la percepción que tienen los niños sobre los roles de género. Pensemos que tanto los juguetes como los disfraces pueden influir en las materias de estudio que elegirán nuestros hijos, sus futuras profesiones o su rol en la sociedad. Merece la pena abrirles un mundo más amplio de posibilidades entre las que escoger, en lugar de limitar sus elecciones y su futuro con estereotipos.

También es buena idea sentarnos con nuestros hijos para averiguar si se han sentido discriminados en algún momento o si han sido ellos quienes en alguna ocasión han ridiculizado a un compañero o compañera, y enseñarles que hay que respetar las decisiones y gustos de cada uno.

4. Deben ser seguros

Debemos asegurarnos que los disfraces cumplan ciertas medidas preventivas para que los niños puedan disfrutar este día tan especial de una manera segura. La Asociación Nacional de Seguridad Infantil nos ofrece unas recomendaciones a la hora de comprar los disfraces, como por ejemplo que cumplan con el marcado CE, si es apto o no para menores de 36 meses. Hay que evitar cuerdas en gorros y colgantes y los que contengan piezas pequeñas que se puedan desprender para menores de 3 años.

Como en el caso de los juguetes, es importante que los tejidos y pelucas no sean inflamables y escoger la talla adecuada del disfraz para que no tropiecen o vayan incómodos. Si maquillamos a nuestros hijos es preferible que el maquillaje sea de productos naturales para evitar reacciones alérgicas. Si llevan máscaras y caretas han de tener una correcta visibilidad y entrada de aire.

5. Aprovechemos la oportunidad de aprendizaje

Disfrazándose no sólo están jugando, también están aprendiendo. Como explica el doctor en Pedagogía y miembro del Observatorio del Juego Infantil, Andrés Payá, los disfraces “favorecen el juego simbólico, no sólo infantil, sino también juvenil y adulto”. Creando sus propias historias y personajes los niños usan su imaginación, utilizan la empatía al ponerse en el lugar del otro, y ejercitan la memoria para imitar el personaje. Además, desarrollan habilidades sociales al relacionarse con los demás niños jugando en común. En definitiva, es una oportunidad de aprender de una manera lúdica y divertida.

 


Fuentes de consulta:

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